LA PÁGINA EN BLANCO
por LA PÁGINA EN BLANCO © 2025 RAFAEL SABATER BOIX está autorizado bajo Creative Commons Atribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 Internacional licencia CC BY-NC-ND 4.0
LA PÁGINA EN BLANCO.
Aquí me encuentro, frente a una página en blanco, un vasto desierto de papel pulido que se extiende ante mí en mi pantalla como un lienzo inexplorado. La miro, y ella me observa con un aire de desafío, como si susurros de posibilidades flotaran en el aire, esperando ser capturados, dibujados con la tinta de mis pensamientos. Un torbellino de ideas asalta mi mente, cada una más esquiva que la anterior: podría abordar un tema candente, algo que agite las aguas de la actualidad. O tal vez, sumergirme en la pasión desbordante como un amante apasionado, dejando que las palabras fluyan como caricias suaves que acarician el alma. O quizás, dejarme llevar por la indignación de un columnista, azotado por la tormenta de un telediario repleto de noticias inquietantes.
Pero aquí sigo, atrapado en la inmensidad de esta página en blanco, invocando a las musas que, en un giro cruel del destino, parecen haberse esfumado. A mi derecha, mi mujer y mi hija disfrutan de la cena, un festín de risas y conversaciones que se entrelazan como hilos de oro. Escucho sus palabras, el murmullo de su alegría, pero no logran encender la chispa que busco. No es que sus voces no sean interesantes; es que la inspiración, esa luz esquiva, no encuentra su camino hacia mí.
Consciente de que pedir ayuda es un signo de sabiduría, me vuelvo hacia ellas y comparto mi dilema, mi batalla contra el vacío:
—“Tengo una página en blanco, son las diez y media de la noche de este viernes, y no sé de qué escribir.”
Mis palabras flotan en el aire, y ambas me miran con sorpresa, sus ojos brillando como estrellas en la oscuridad. El silencio se instala, denso y palpable, mientras mi hija, con un trozo de pizza en la mano, parece sopesar una respuesta que aún no ha encontrado.
Finalmente, mi esposa rompe el silencio, con voz suave y decidida como una brisa reparadora:
—“Mañana es el ocho de marzo. El Día de la Mujer. Escribe sobre eso.”
Coloco mi mano sobre la frente, buscando un enfoque entre la neblina de mis pensamientos. Mis dedos recorren mis sienes, como si intentaran desentrañar un secreto oculto en mi propia mente. Respondo, con un susurro cargado de incertidumbre:
—“No tengo ni idea de cómo abordar ese tema. Además, todos los medios hablarán sobre el Día de la Mujer. Es un asunto hermoso, pero está tan politizado que… no sé, no sé cómo hacerlo.”
En ese instante, un destello de recuerdo ilumina mi mente, como un eco que resuena desde el pasado reciente. Hace unos días, en la cafetería Mila 2 de la avenida, conversaba con Don Vicente y Don Julián. En un momento de curiosidad, le pregunté a Vicente: “¿Cómo es que escribes un artículo cada día? ¿Nunca te quedas en blanco?” Su respuesta fue una revelación que me dejó intrigado.
—“Por supuesto. Todos, en algún momento, nos quedamos en blanco.”
La sinceridad de su afirmación me hizo reflexionar. Así que, continué indagando:
—“¿Y tú qué haces cuando te quedas en blanco?”
—“Puedo coger un libro, por ejemplo, la Biblia, el Quijote, o cualquier otro que tengas a mano. Vas pasando hojas, como quien desea oler la esencia de ese libro, y, de repente, te detienes. Señalas un lugar en la página donde, tal vez, el azar ha querido que pares. Y seguro que allí encontrarás algo que te inspira.”
Sus palabras danzan en mi mente, y aunque en ese momento pensé que nunca haría tal cosa —pues siempre encuentro una chispa, una ocurrencia—, ahora me encuentro aquí, frente a una página en blanco.
Le digo a mi hija:
—“Coge el libro más gordo que veas sobre la estantería.”
Con la inocencia de su juventud, ella toma la Biblia y, mientras le explico la técnica de Vicente, le indico:
—“Empieza a pasar páginas y cuando yo te diga ‘¡Para!’, te detienes.”
Y así lo hizo, con el gesto delicado de quien acaricia un tesoro.
—“Dime… ¿Qué título pone en la página?, ¿Sobre qué habla?”
Mi hija responde, su voz clara como un arroyo en primavera: —“Salomón va a pedir la sabiduría.”
Un rayo de comprensión atraviesa mi ser. Soy un hombre que no cree en la casualidad, sino en la causalidad. Así, que aquí dejo esta reflexión en el aire:
Reflexión:
Hoy, ante la página en blanco, he comprendido que la inspiración puede llegar de los lugares más inesperados. A veces, lo que nos bloquea es el deseo de encontrar la respuesta perfecta en nuestra mente, cuando en realidad está ahí, esperando ser descubierta en la sencillez de la vida cotidiana. La sabiduría que Salomón buscaba no solo se encuentra en textos antiguos, sino también en los momentos compartidos con quienes amamos. Quizás mi próxima historia no llegue de un profundo análisis, sino de una conversación trivial, de una mirada cómplice o de un simple trozo de pizza. La vida está repleta de relatos esperando ser contados; solo necesitamos la disposición de escuchar y observar. Así, la próxima vez que me enfrente a una página en blanco, recordaré que la inspiración está a un paso de mí, en cada palabra y en cada momento.
Fdo.
Rafael Sabater Boix
En San Vicente del Raspeig a 7 de marzo de 2025
Todos los escritos en: https://rsbrinconliterario.blogspot.com/
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