MEMORIA DE UNA PEDREA Y LA LEY DEL UNIVERSO.

 MEMORIA DE UNA PEDREA Y LA LEY DEL UNIVERSO 2025 por RAFAEL SABATER BOIX está licenciada bajo Creative Commons Atribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 Internacional

 

MEMORIA DE UNA PEDREA Y LA LEY DEL UNIVERSO

Hace unos días, plugo a mi ánimo reflexionar sobre la inmutable tendencia del universo a buscar el equilibrio. La simiente de tal cavilación nació de una frase oída hace años. ¿Qué digo años? Más bien diría que hace décadas, pues me remonto a los tiempos en que un servidor era apenas un jovenzuelo que cursaba sus estudios en el colegio público Jaime I de San Vicente del Raspeig, pueblo ubicado en la provincia de Alicante. No acierto a recordar con exactitud cuántos abriles contaba, mas mi edad debía rondar los doce o trece. Pero... ¿qué frase fue aquella que, aun hoy, con mis cincuenta y tres años a cuestas, resuena de vez en cuando en los aposentos de mi memoria?

Mi mente se retrae y escudriña el pasado en un afanoso intento de recordar quién pronunció la sentencia que hoy me motiva a verter estas líneas. Mis neuronas se alborotan ante la orden de rebuscar en un tiempo pretérito que, extrañamente, siento cercano. De súbito, mi voluntad se niega a proseguir en el arduo empeño de hallar al autor de la dichosa frase. Y por si fuera poco, empiezan a brotar, cual desordenados borbotones, vivencias de aquellos días de escuela; la mayoría, por fortuna, gratas. Juegos en el patio de recreo, chismorreos entre condiscípulos, cual si de las crónicas de un gacetillero de nuestra mocedad se tratase.

«Que si fulanito manda recado de que, al salir de la escuela, nos aguarda en el descampado junto a las vías del tren», porque por alguna razón que se me escapa, se había pactado una guerra de pedradas entre dos bandos, cada cual compuesto por cuatro o cinco almas. ¿El motivo de la contienda...? En verdad, no lo sé. Supongo que las hormonas afloraban ya como un campo en primavera. Además, siempre estaba el anhelo de lucir por la tarde, en la escuela, alguna herida de guerra. Aquello confería un gran prestigio. Es más, si uno había logrado abrirle una brecha en la testa al adalid del bando contrario, el honor, aunque efímero, era prez y gloria muy codiciada.

Por supuesto, esta empresa tenía su parte más dulce, que no era otra que la ocasión de relatar a las damiselas la épica batalla en que uno se había visto envuelto. La narrativa, en tales instantes, cobraba los tintes de un cantar de gesta, y uno mismo se sentía un Cid Campeador de arrabal. La gloria te rodeaba, si bien pronto pasaba de moda porque menganito había conseguido una gesta mayor; y si no era mayor, no importaba, pues por ser más reciente, era a él a quien le tocaba vestir el manto del honor y la gloria.

A veces, si un "guerrero" no era diestro en el arte de lanzar proyectiles, se parlamentaba un cese de hostilidades. Convocábanse a los capitanes de las huestes enfrentadas y se discutía el trueque de uno de los contendientes por otro del bando contrario, todo en pos de un justo equilibrio de fuerzas. Cuando el fragor de la batalla concluía, lo que solía acaecer media hora después de su inicio, se decretaba un alto el fuego. Llegaba el momento de contabilizar bajas y heridos que, gracias a Dios, solían revestir poca gravedad. Se pactaba la paz y se comentaban las peripecias del enfrentamiento.

—Pues no sé... creo que la lid del otro día fue más bizarra, porque a zutanito una pedrada le dejó buena marca. —Sí, llevas razón. Nos estamos ablandando en este arte de la pedrea. Mejor será que subamos al viejo terraplén de la vía muerta y nos deslicemos cuesta abajo con aquellas tapas de inodoro que hallamos el otro día.

Aquello simulaba ser un trineo o artilugio semejante. Si la tapa sobre la que te sentabas volcaba, ya tenías asegurados unos cuantos raspones por todo el cuerpo. Pero lo que en verdad infundía pavor, al menos a un servidor, era rasgarme un pantalón, porque las explicaciones que en mi hogar dar debía no solo eran peregrinas, sino de todo punto inverosímiles.

A estas alturas, bien me he desviado ya del propósito de mi escrito, pero la memoria, caprichosa ella, empieza a clarear. La frase la dijo Don Carlos, nuestro profesor de física. Nos enseñaba que un sabio llamado Newton sentenció: «Todo cuerpo persevera en su estado de reposo o movimiento a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas impresas sobre él». Hecho este que pudimos comprobar empíricamente en nuestras guerras de piedras. El asunto era que, si el proyectil impactaba en vuestra frente, por ejemplo, bien que se detenía la piedra.

Pero no era esa la frase. La frase era otra. Era esta:

Sin diferencia de potenciales no existiría la vida”. Y es que, ¿qué es el recuerdo sino la corriente que fluye entre el alto potencial de la memoria, cargada con la energía de lo que fue, y la plácida calma del presente? Sin la tensión entre el niño que lanzaba piedras y el hombre que ahora escribe, no habría historia, ni nostalgia, ni el más mínimo fulgor de aquella luz que, aunque extinta, aún nos alumbra el camino.


Fdo:


Rafael Sabater Boix


En San Vicente del Raspeig a 5 de julio de 2025

 

 NOTA DEL AUTOR:

 

Nota sobre algunos vocablos utilizados en el escrito:

Aquí explico el significado y origen algunas palabras que he rebuscado en distintos diccionarios:

1º "Plugo":

  • Esta palabra proviene del verbo "placer" en castellano antiguo.

  • Significa "complacer", "gustar" o "agradar".

  • Es una forma verbal arcaica, propia del español medieval o clásico.

  • La información la he obtenido de diccionarios de español antiguo y de la evolución histórica del idioma.

2º "Gacetillero":

  • Un "gacetillero" era un periodista o escritor que redactaba gacetas o noticias breves.

  • Proviene de "gaceta", que era un tipo de publicación periódica de noticias.

  • Es una palabra que se usaba comúnmente en el español del siglo XIX y principios del XX.

3º "Testa":

  • "Testa" significa "cabeza" o "frente" en un sentido formal o elevado.

  • Es una palabra que se empleaba con frecuencia en el español clásico y literario.

4º "Arrabal":

  • "Arrabal" se refiere a un barrio o zona periférica de una ciudad, especialmente uno humilde o popular.

  • Es una palabra de origen árabe que se incorporó al español medieval.

5º "Lid":

  • "Lid" significa "lucha", "combate" o "contienda".

  • Es una palabra de uso común en el español antiguo y clásico.

En general, estas palabras provienen del español medieval y clásico, reflejando un registro más formal y literario. La información la he obtenido de consultar diccionarios históricos y de la evolución del español.


 

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