LA SARTÉN Y EL CAZO
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La Sartén, el Cazo y el Espejo de Nuestras Propias Manchas
Imaginemos por un instante la escena. Dos utensilios de cocina, ambos oscurecidos por el hollín del fuego, curtidos por el mismo calor y marcados por las mismas batallas culinarias. Uno de ellos, la sartén, con la audacia que solo la ceguera propia puede otorgar, le advierte al otro, el cazo, que no se acerque para no mancharla. La comedia de la situación es tan evidente como trágica, y en esa pequeña fábula doméstica se esconde una de las dinámicas más complejas y universales del comportamiento humano.
El dicho "No te arrimes que me tiznas, le dijo la sartén al cazo" es una radiografía de la hipocresía. Es la voz de quien acusa en el otro la misma falta que anida, a menudo con mayor intensidad, en sí mismo. Es el eco de la famosa viga en el ojo propio y la paja en el ajeno. En su nivel más superficial, descalifica al otro, pero si escuchamos con atención, lo que realmente revela es un profundo desconocimiento de uno mismo. La sartén no se ve a sí misma; su identidad está tan fusionada con su propio tizne que ya no lo percibe como una mancha, sino como su estado natural.
Pero, ¿qué impulsa a la sartén a clamar contra el cazo? No es simplemente una falta de visión. A menudo, es un mecanismo de defensa conocido como proyección. Proyectamos en los demás aquellos defectos, miedos o inseguridades que no podemos o no queremos reconocer en nosotros. Es más fácil señalar el polvo en el mueble ajeno que barrer la suciedad bajo nuestra propia alfombra. Al acusar al cazo, la sartén construye un frágil pedestal de superioridad moral. Por un instante, al definirse como "lo que puede ser manchado", se autopercibe como limpia, desviando la atención —sobre todo la suya— de su verdadera condición. Es un juez con la toga manchada que dicta sentencia sobre una pequeña salpicadura en el traje del acusado.
Esta dinámica no opera solo en la intimidad de nuestras cocinas metafóricas. Se manifiesta a gran escala en el teatro del mundo. La vemos en el político que denuncia la corrupción mientras su propio partido se ahoga en ella; en la nación que critica las políticas de otra mientras ignora sus propias injusticias sistémicas; o en el ámbito más cercano, en el amigo que critica la impuntualidad siendo él un maestro del retraso. Cada uno, a su manera, es una sartén que, por miedo a mirarse en el metal reflectante del cazo, prefiere gritar para mantener la distancia.
En la era digital, este escenario se magnifica hasta el infinito. Las redes sociales son un hervidero de sartenes y cazos, donde perfiles cuidadosamente blanqueados señalan sin piedad el más mínimo tizne ajeno. Se juzga una palabra, un error pasado, una foto desafortunada, a menudo desde un anonimato que protege y oculta el hollín propio. Creamos una ilusión de pureza digital mientras contribuimos a un ambiente de juicio constante, olvidando que todos estamos, de una forma u otra, expuestos al mismo fuego.
Y aquí es donde el refrán nos abandona la cocina y se sienta a nuestra mesa para interpelarnos directamente. ¿Cuántas veces hemos sido la sartén, tan preocupados por el tizne ajeno que no hemos notado el nuestro? ¿Y cuántas hemos sido el cazo, recibiendo una acusación injusta de quien menos autoridad moral tenía para emitirla? Quizás el primer paso para romper este ciclo no sea señalar la hipocresía de la sartén, sino tener el valor de reconocer nuestro propio hollín.
La verdadera sabiduría que destila este viejo adagio no es, por tanto, una herramienta para señalar al otro, sino un espejo. Nos invita a un ejercicio de humildad y autoconciencia. Antes de advertir al otro sobre sus manchas, quizás deberíamos preguntarnos cómo está la nuestra. Al final, todos somos utensilios en la misma cocina, sometidos al mismo fuego de la vida. Y en ese reconocimiento del tizne compartido, en esa vulnerabilidad aceptada, es donde reside la posibilidad de una conexión más auténtica, una que no se basa en mantener las distancias para no "mancharse", sino en acercarse para, quizás, ayudarnos mutuamente a limpiar.
Fdo.
Rafael Sabater Boix en San Vicente del Raspeig a 19 de septiembre de 2025
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