TINTA, RÍO Y MAR: Crónica de un viaje de tinta.

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TINTA, RÍO Y MAR: Crónica de un viaje de tinta.


Entonces, la pluma, cual pincel delicado y decidido, danzó sobre el papel como el agua al brotar con ímpetu de una fuente cristalina. Y la primera palabra surgió, tímida al principio, casi temerosa, una palabra sin aparente sentido: "motor". Pero se presentó ante mí con una timidez desconcertante, como si las palabras rehuyeran de mi mente esquiva, cual gacelas huidizas en la pradera.


Nada acudía a mi mente sobre qué escribir. Bien pude haberme refugiado en el método del libro, dejando que mi pulgar recorriera sus páginas hasta hallar una chispa de inspiración. Mas hoy decidí cambiar de rumbo, zambullirme en aguas más profundas.


Me concentré, cerrando los ojos frente al teclado, inhalando con fuerza y exhalando con suavidad. Intenté mantener mi mente en blanco, pero esta comenzó a bombardearme con historias absurdas, ajenas a la composición que me proponía. Un disparate de ideas recorren mi mente sin ninguna conexión.


Dos minutos y nada. De pronto, en mi mente se formó la imagen de un camino en un bosque frondoso, imponente, instándome a transitar por él. El viento me susurraba de forma ininteligible, pero parecía incitarme a seguir ese sendero. En mi imaginación, el ambiente cobraba vida, volviéndose luminoso y vibrante. ¡Eso es! Es el camino de la vida. La palabra "motor" cobra ahora sentido, pues es un motor que se alimenta de sueños y esperanzas, no de gasolina.


Ahora veo que mi conciencia quería decirme algo, pero al no lograrlo, tengo la sensación de ser abrazado por una conciencia más elevada. Me pregunto: ¿Soy yo quien escribe o hay una fuerza superior guiando estas palabras, pulsando en mi interior como un corazón cósmico?


El mensaje se muestra esquivo, pero llegan a mi mente pequeños destellos, como si una energía estuviese a punto de invadirme, pues quizá no cuento con el talento suficiente. Pero ahora lo veo más claro, como si una revelación se desparramara ante mis ojos.


Y es que la tinta es como el agua del río, y el papel, los caminos que la vida nos invita a transitar a lo largo de nuestra existencia. Al principio, fluye lenta y dócil, como la etapa de la niñez. Posteriormente, la pluma se vuelve ágil y vertiginosa, a veces incluso insolente, como la pubertad. En mi mente he visto un río en el bosque. Me doy cuenta de que la tinta sobre el papel y los ríos tienen mucho en común, pues la misma analogía parece aplicarse a ambos casos. Después vienen aguas más tranquilas, ¿será esta la edad madura? Finalmente, llega el casi estancamiento, pero esa agua, como esta tinta, ya llevan consigo la sabiduría del camino recorrido. Finalmente, se agota el folio, como el agua del río que va a morir al mar, donde se une a las aguas de otros ríos, lluvias y torrentes, para perderse en la inmensidad del océano.


Pero me pregunto: si en esa inmensidad del mar estuviesen todas las conciencias vividas, ¿sería una consciencia universal que se entrelaza?. Llego a la conclusión de que todo debe ser un ciclo infinito, vida y muerte, parte de un solo mecanismo cósmico. Un día me convertiré en lluvia, y todo volverá a empezar, siempre conectado a ese relojero cósmico que no tiene fallos. Pero naturalmente, ustedes pueden llamarlo como quieran. Y este escrito solo es fruto de alguien que no sabía sobre que escribir.


Fdo.

Rafael Sabater Boix.

En San Vicente del Raspeig a 10 de octubre de 2025

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