De la Suposición a la Fe. (II)

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De la Suposición a la Fe. (II)

Si en la reflexión anterior suscribimos como verdad que "la suposición es la madre de todos los desastres", debemos ahora explorar su naturaleza paradójica. Pues existe otra cara de la suposición; una que no nace de la desidia, sino de la necesidad. Esta es la suposición como el motor de la acción, el cimiento de la confianza y el puente indispensable hacia la fe.

En esta segunda parte, quiero reflexionar de nuevo ampliando el concepto de “suposición”. Esta vez lo abordaremos desde otro punto de vista. Cuando el agricultor siembra una semilla, supone que el sol saldrá mañana y que, con el tiempo, la cosecha crecerá. Cuando nos sometemos a una cirugía, suponemos que el cirujano aplicará su conocimiento con pericia. Esta suposición no es incompetencia, sino la estructura misma de la confianza sin la cual la sociedad colapsaría.

En el primer escrito, la suposición era un sustituto perezoso del conocimiento verificable. En este, la suposición se convierte en un acto de valentía ante lo inverificable por completo. No es una hipótesis militar basada en datos (como la de Operaciones Especiales), sino un salto consciente hacia lo que se espera que sea cierto.

El Salto Manifiesto

Ilustremos esta suposición trascendente con un ejemplo: Un paracaidista se encuentra al borde de la compuerta, a miles de metros de altura. El viento ruge. Abajo, la tierra es un tapiz distante. En unos segundos, dará un paso hacia el vacío.

El paracaidista sabe que su paracaídas principal ha sido plegado por un experto. Sabe que tiene un paracaídas de reserva. Conoce la técnica de salto y los procedimientos de emergencia. Su suposición, por tanto, está altamente cualificada, mucho más que la del piloto negligente del Señor Suárez.

Pero, a diferencia del piloto, el paracaidista no puede realizar la verificación final. El piloto podía haber comprobado los tanques de combustible, pero no lo hizo. El paracaidista no puede comprobar que el paracaídas se abrirá... hasta que salta.

Su "supongo que se abrirá" no es un acto de pereza, sino un acto de fe. Es la confianza depositada en el plegador, en la física de los materiales y en su propio entrenamiento. El salto no es un desastre; es la manifestación de una confianza absoluta. La suposición no le precipita al desastre; le permite volar.

La Suposición de la Esperanza

Desdramaticemos el concepto y trasladémoslo a un acto de pura esperanza. Una persona compra un boleto de lotería.

A diferencia del ejemplo de las lentejas del "Bar Valery" —donde existía una alta probabilidad lógica de éxito—, aquí la probabilidad es astronómicamente ínfima. Nadie que compre un boleto supone lógicamente que va a ganar.

Sin embargo, en el fondo, compra "por si acaso". Esta es una suposición de otro orden. No se basa en la probabilidad, sino en la posibilidad. Es la fe en la excepción, en la ruptura de la norma, en el azar benigno. No es una suposición que busque verificar un hecho (como las lentejas), sino una que busca materializar un deseo.

El "desastre" de no ganar es el resultado esperado. La suposición aquí no es un cálculo fallido, sino la compra deliberada de un derecho a soñar. Es la fe en el "qué tal si...".

Conclusiones: De la Confianza a la Creencia

¿Qué podemos extraer de esta segunda reflexión?

  1. La suposición es el prerrequisito de la acción. Para actuar en un mundo complejo, debemos suponer (confiar) que la mayoría de las variables se comportarán como esperamos.

  2. La fe no es lo opuesto a la razón, sino su continuación. Es la suposición que hacemos cuando la razón y la verificación han llegado a su límite, como el paracaidista en la compuerta.

  3. La fe requiere un objeto de confianza. El paracaidista confía en su equipo; el paciente, en su médico. La suposición se convierte en fe cuando se deposita conscientemente en algo o alguien.

  4. Existe una suposición trascendental: la creencia. Aquí es donde la suposición se solidifica en una visión del mundo. Pensemos en alguien que cree en la vida después de la muerte, quizás tras leer testimonios como los recogidos por el Dr. Sanz Segarra.

    Esa persona toma una serie de datos (testimonios, experiencias, textos) y supone que son verídicos. En un momento dado, esa suposición deja de ser una hipótesis y se convierte en una certeza interna, en creencia. Ya no "supone" que hay algo más; cree que lo hay. Ha transformado una suposición sobre lo desconocido en un pilar de su existencia.

Reflexión Final: La Paradoja de la Incertidumbre

En la primera parte, concluimos con la parálisis del "efecto mariposa", donde cada acto intrascendente podría tener consecuencias catastróficas. La suposición negligente (la del piloto) ignora esta interconexión y provoca el desastre.

Pero la suposición como fe (la del paracaidista) es la única respuesta humana a esa misma paradoja.

Si viviéramos paralizados por la infinita cadena de causas y efectos, no podríamos actuar. No podríamos saltar del avión, ni sembrar la semilla, ni amar, por miedo a las consecuencias imprevistas.

La fe, nacida de la suposición, es el antídoto contra la parálisis de la incertidumbre. Es la decisión de actuar a pesar de no tener todas las verificaciones. Es la aceptación de que no podemos saberlo todo, y aun así, elegir saltar.

Si la suposición negligente es la madre del desastre, la suposición valiente es la madre de toda creación.


Fdo.


Rafael Sabater Boix, en San Vicente del Raspeig a 18 de noviembre de 2025

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